Giovana Caza (63) combina su profesión como doctora en bioquímica y farmacia con el servicio pastoral dentro de la Asociación de María Auxiliadora (ADMA). Desde noviembre de 2024 asumió la presidencia nacional de esta rama de la Familia Salesiana, motivada por el deseo de fortalecer la espiritualidad mariana, acompañar a las familias y mantener vivo el carisma de Don Bosco en las nuevas generaciones.
Junto a su esposo y sus hijas trabaja en un laboratorio clínico. Este negocio familiar se ha convertido en una oportunidad para servir y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles. «Gracias a mi profesión también he podido ayudar a muchas personas. Actualmente hay familias que atraviesan situaciones económicas difíciles y, cuando llegan al laboratorio, tratamos de apoyarles de alguna manera. Muchas veces no solo se trata de sanar el cuerpo, sino también de escuchar y aliviar el corazón de las personas», expresa.
Su historia dentro de ADMA comenzó gracias a sus hijas, exalumnas del Colegio Domingo Savio de Cayambe. Lo que inició como una participación cercana en las actividades escolares fue despertando en ella un profundo amor por el carisma salesiano. «Muchas veces los padres llevamos a los hijos, pero en mi caso yo llegué por mis hijas», recuerda.
Con la llegada del P. Rafael Guevara (+) a Cayambe empezó su formación dentro de ADMA. Después de las Eucaristías participaba en encuentros donde conoció el reglamento, el apostolado y los pilares del carisma salesiano. Finalmente, el 24 de mayo de 2016 realizó su consagración en esta rama.Para Geovana, pertenecer a ADMA ha significado descubrir una nueva manera de vivir la fe y el servicio. Explica que detrás de cada encuentro existe un importante trabajo pastoral enfocado en acompañar a las personas más necesitadas.
“Muchas personas creen que solo nos reunimos para rezar y compartir un café, pero en nuestro apostolado visitamos enfermos, acompañamos a niños y escuchamos a muchas madres que viven dificultades familiares”, señala.
También destaca el acompañamiento recibido por sacerdotes y religiosas, quienes la han ayudado a afrontar con mayor seguridad los retos del apostolado y el servicio comunitario.
Actualmente, como presidenta nacional de ADMA, coordina los 25 centros de la asociación que agrupan a 500 socios en la Costa y Sierra y la Costa. Su labor se enfoca en promover espacios de formación, encuentro y acompañamiento para fortalecer la identidad y el sentido de pertenencia.
Uno de los principales desafíos de ADMA es involucrar a niños y jóvenes en la asociación. Geovana reconoce que muchos de los integrantes adultos sienten la responsabilidad de preparar nuevas generaciones que continúen el camino iniciado hace varios años. «La mayoría de socias y socios ya tenemos una edad en la que debemos ir delegando responsabilidades a los jóvenes y a los niños», sostiene.
Por ello, trabajan en el fortalecimiento de ADMA Juvenil y ADMA Infantil. En coordinación con los departamentos de Pastoral de colegios y obras salesianas buscan acercar a las nuevas generaciones al carisma de Don Bosco y a la devoción a María Auxiliadora.
Otro de los ejes de trabajo es el fortalecimiento de la familia mediante el proyecto ADMA Familia, impulsado desde ADMA Mundial. La iniciativa busca ayudar a que las familias vuelvan a colocar a Dios en el centro de su vida cotidiana y reconstruyan vínculos marcados por las dificultades. «Hoy vemos muchas crisis familiares y queremos aportar para reconstruir esos vínculos desde la fe y el acompañamiento».
Finalmente, Geovana destaca que la fiesta de María Auxiliadora siempre será un motivo de esperanza para las familias y los jóvenes. «María Auxiliadora nos dice hoy: ‘Confíen en mí, yo los acompaño siempre’». Con esa certeza, anima a mantener viva la devoción mariana más allá de la celebración, viviendo la fe con sencillez y gratitud, como hijos que saben que su Madre nunca los abandona.

Oficina Salesiana de Comunicación




