La historia de la presencia salesiana en la ciudad de Machala se remonta a un momento decisivo para la vida pastoral de la provincia de El Oro. El 28 de mayo de 1976, el entonces Rector Mayor de la Congregación, Luis Ricceri, expidió el decreto de erección canónica que dio origen oficial a la obra salesiana en la ciudad. Con este documento no solo se formalizaba la presencia salesiana, sino que se trazaban dos finalidades claras: la creación y organización de un centro juvenil destinado a la juventud más vulnerable y la atención espiritual de los fieles del barrio, mediante una iglesia pública puesta a disposición por el obispo.
Con esta misión precisa llegaron los primeros religiosos. A la cabeza de la nueva comunidad estuvo el padre Aurelio Pischedda, primer director de la obra, acompañado por los sacerdotes Esteban Ortiz y Roberto Guglierminotti. Los tres se establecieron en la iglesia de Nuestra Señora de la Chilla, ubicada en el Parque La Madre, desde donde comenzaron el trabajo pastoral inicial.
En sus primeros pronunciamientos, el padre Pischedda dejó clara la identidad del proyecto apostólico al afirmar: «Como salesianos queremos dedicarnos, de un modo particular, a la pastoral de los jóvenes, con centros juveniles que los salesianos llamamos oratorios festivos». Esta afirmación sintetiza la esencia del carisma heredado de Don Bosco: acompañar a los jóvenes con cercanía, alegría, espíritu de familia y una propuesta educativa que integra fe, valores y compromiso social.
La Inspectoría Salesiana asumió este envío con un auténtico espíritu misionero. Su intención no era únicamente fundar una obra, sino colaborar con la Iglesia de la provincia para fortalecerla pastoralmente. En aquellos primeros años, los religiosos centraron su atención en dos líneas fundamentales: el acompañamiento a las comunidades eclesiales de base y el trabajo pastoral enfocado especialmente en la juventud. Desde la catequesis, los encuentros formativos y las celebraciones, hasta los proyectos de promoción humana, los salesianos fueron consolidando una presencia cercana y comprometida en medio de los barrios populares.
Fiel al llamado de estar donde más se necesita esperanza, la comunidad salesiana fue extendiendo su presencia hacia los sectores del sur de la ciudad. Allí, en medio de múltiples necesidades sociales, comenzó a germinar una acción pastoral comprometida con la vida, la dignidad y la fe del pueblo, que floreció en la creación de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced.
Ese territorio se convirtió en espacio de encuentro, de reflexión de la Palabra, de solidaridad concreta, de defensa de los derechos y de catequesis liberadora. Las comunidades eclesiales de base fueron sembrando una Iglesia cercana, participativa y encarnada en la realidad cotidiana de la gente.
Con los años, la obra salesiana en Machala ha ido creciendo y organizándose, adaptándose a los tiempos sin perder la esencia del carisma. Actualmente, su acción pastoral se estructura en tres ambientes educativo-pastorales, cada uno con su identidad y misión particular, pero todos unidos por el objetivo de servir, educar y evangelizar.
Parroquia y Santuario
Este ambiente constituye el corazón espiritual de la obra. Desde la vida sacramental, la catequesis, las celebraciones comunitarias y la formación en la fe, la parroquia y el santuario son un espacio de encuentro para cientos de familias. Aquí se fomenta una pastoral misionera, cercana y sensible a las realidades de cada sector.
Oratorio – Centro Juvenil
Es el espacio que más directamente conecta con el sueño original de la fundación. Fiel al estilo del oratorio festivo, ofrece a los niños y jóvenes un ambiente de acogida, juego, formación, liderazgo, acompañamiento y crecimiento integral. Talleres, grupos juveniles, convivencias, colonias vacacionales y actividades recreativas dan vida a este entorno que muchos jóvenes consideran su segunda casa.
Obras y Servicios Sociales
Este tercer ambiente refleja el compromiso salesiano con la promoción humana. Se desarrollan proyectos de apoyo a familias vulnerables, servicio comunitario, formación artesanal, acompañamiento psicológico y acciones solidarias que buscan dignificar la vida de quienes atraviesan situaciones difíciles.
Hoy, después de décadas de dedicación, la presencia salesiana en Machala continúa viva, fiel al espíritu que la vio nacer. Allí donde un niño necesita ser acogido, donde un joven busca sentido para su vida y donde una familia espera consuelo y acompañamiento, el espíritu de Don Bosco sigue haciéndose presente. La obra sigue creciendo gracias al trabajo conjunto de religiosos, laicos, jóvenes animadores y familias que mantienen vigente el sueño de Don Bosco: construir un espacio donde cada niño y joven pueda sentirse amado, acompañado y protegido.

P. Servio Rojas
Director de la Comunidad de Machala



