P. Enio Esteves (+): un misionero que entregó su vida a las misiones amazónicas de Ecuador

El P. Enio Ramalho Esteves, misionero originario de Timor Este, realizó su Primera Profesión el 24 de julio de 2002 en Fatumaca y el 24 de mayo de 2014 fue ordenado sacerdote en la Misión Salesiana de Bomboiza. Regresó a la Casa del Padre tras cumplir 23 años de profesión religiosa y 11 años de sacerdocio.

El padre Enio fue designado al Ecuador como Misionero Ad Gentes el 27 de septiembre de 2008 entre los pueblos originarios Shuar y Achuar de la Amazonía ecuatoriana. Luego de completar sus estudios de Teología en Colombia y tras su ordenación diaconal, fue enviado a la Misión Salesiana Santo Domingo Savio de Bomboiza (2014–2017), donde desempeñó los servicios de vicario, consejero, párroco y ecónomo. Posteriormente, recibió la obediencia a la Comunidad Inmaculado Corazón de María en la Misión Salesiana de Yaupi (2017–2020), asumiendo los cargos de director, ecónomo y párroco. En el año 2023, fue destinado a la Comunidad Beato Ceferino Namuncurá de Wasakentsa, donde actualmente ejercía como párroco y vicario.

El padre Enio fue un sacerdote entregado con todo el corazón a la misión, especialmente entre los pueblos Shuar y Achuar, a quienes amó y sirvió con fidelidad evangélica. Su vida estuvo marcada por un ideal claro y constante: anunciar la Palabra de Dios a los niños y jóvenes, acompañarlos en su crecimiento humano y espiritual, y hacerles sentir que Dios camina con ellos.

Con una cercanía sencilla y una atención siempre delicada, supo entrar en la dinámica de las comunidades ecuatorianas, compartiendo la vida cotidiana, respetando la cultura, aprendiendo de la gente y construyendo relaciones auténticas. No fue un misionero distante, sino un hermano que escuchaba, acompañaba y animaba con su presencia.

Fue un salesiano que amó profundamente la vida comunitaria. Para el padre Enio, el deporte fue un lenguaje de encuentro, un espacio educativo y fraterno donde se fortalecían los vínculos y se cultivaban valores. Enio fue también un buen amigo, leal, alegre y disponible, alguien que sabía estar, que sabía compartir, y que dejó huella en todos los que tuvieron la gracia de conocerlo.

La Inspectoría Salesiana de Ecuador da gracias a Dios por su vida entregada, por su testimonio silencioso y fecundo, y por el bien sembrado en tantos corazones. Su memoria permanecerá viva en las comunidades que sirvió y en los jóvenes que acompañó. Confiamos su vida al Señor, a quien sirvió con alegría, y creemos que ahora descansa en sus brazos, como siervo bueno y fiel.

P. Juan Flores, SDB
Secretario Inspectorial

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