El sábado 27 de junio, en la parroquia María Auxiliadora de Cuenca, se vivió un momento especial para la Inspectoría Salesiana del Ecuador: la ordenación sacerdotal del salesiano Christian Chávez, quien recibió el sacramento del Orden mediante la imposición de manos de Mons. Alfredo Espinoza, SDB, arzobispo de Quito y primado del Ecuador. La Eucaristía fue concelebrada por el P. Marcelo Farfán, inspector de los Salesianos en el Ecuador.
Hasta el templo llegaron hermanos salesianos de distintas comunidades del país para compartir la alegría de esta nueva vocación al servicio de la Iglesia. También estuvo presente una delegación del Teologado Internacional de Lo Cañas (Chile), así como representantes de diversos grupos de la Familia Salesiana. De manera especial, participaron jóvenes de la comunidad de Bomboiza, con quienes Christian compartió su etapa de diaconado, manifestando así el vínculo cercano que ha cultivado con los jóvenes durante su camino vocacional.
Durante la homilía, monseñor Alfredo Espinoza dirigió un profundo mensaje al neo sacerdote, invitándolo a vivir su ministerio con identidad salesiana y cercanía a los jóvenes. En primer lugar, lo exhortó a ser «un sacerdote del patio», recordándole que ese es el espacio privilegiado para evangelizar y encontrarse con la vida de los jóvenes. En segundo lugar, le pidió amar como Don Bosco, haciendo realidad el desafío de que los jóvenes no solo sean amados, sino que también se sientan verdaderamente amados. Finalmente, lo animó a ser «un pastor con olor a oveja, pero con olor a oveja joven», dispuesto a salir al encuentro de quienes viven en la soledad, el sufrimiento y las periferias.

Por su parte, el P. Marcelo Farfán destacó que el sacerdocio es, ante todo, un don de Dios y no el resultado de un esfuerzo meramente humano. «El sacerdocio no es una conquista humana, no es la conclusión de un trámite o de unos cursos realizados; es siempre un don», expresó. Asimismo, invitó a la comunidad a agradecer por la llamada que Dios hizo a Christian y por la generosa respuesta que él ha dado.
El padre Inspector agradeció igualmente a la familia del nuevo sacerdote, destacando que es en el hogar donde nace y se fortalece la vocación. «La familia es la cuna de la fe; es donde vamos conociendo a Dios. No hay verdadera vocación si no hay detrás una familia», afirmó.
Antes de concluir la celebración, el neo sacerdote dirigió un emotivo mensaje de agradecimiento a los salesianos, laicos y jóvenes que lo acompañaron durante su proceso de formación, así como a su familia por el apoyo constante recibido. Con profunda emoción expresó su disponibilidad para servir al pueblo de Dios: «Cuentan conmigo, como amigo y ahora como sacerdote. Estoy dispuesto a servir al pueblo de Dios y, con la ayuda de su gracia, ser un buen humano para ser un buen sacerdote para la humanidad».
Finalmente, encomendó su vida y ministerio a Dios y a María Auxiliadora, confiando su servicio sacerdotal «hasta el último aliento» de su existencia. Para la Inspectoría Salesiana del Ecuador, esta ordenación representa la alegría de una nueva vocación que fortalece la misión evangelizadora de la Congregación, especialmente entre los niños, adolescentes y jóvenes.

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