Christian Lita: «Una experiencia que está valiendo la vida en la Amazonía peruana»

Actualmente, me encuentro realizando mi experiencia de voluntariado misionero en la comunidad salesiana de San Lorenzo, en la selva del Perú. Esta misión se caracteriza por atender a siete etnias amazónicas que habitan a lo largo de los ríos Marañón, Pastaza, Morona y sus afluentes. En este tiempo he colaborado en la animación pastoral del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS), la catequesis, los oratorios y el Centro Juvenil. Durante estos meses, he tratado de aportar, principalmente, desde el acompañamiento cercano a los jóvenes que asisten a los diferentes ambientes de la misión.

La verdad, este tiempo quizá no ha sido una experiencia de mucha itinerancia como pensaba, o como hubiera querido vivir en un inicio. Sin embargo, siento que, en este tiempo, la misión me ha exigido poner de verdad lo que soy. Ha sido un espacio para entregar mis dones al servicio de la comunidad, poniendo mis capacidades para organizar, coordinar, acompañar y enseñar. Considero que este año, el Señor me ha pedido no tener miedo de mostrar lo que tengo y puedo hacer, de entregar todo lo bueno que soy a la misión y, al mismo tiempo, de aprender nuevas habilidades que antes no tenía.

Pero, si algo ha marcado profundamente este camino, han sido los aprendizajes que he recibido de los mismos jóvenes con quienes comparto mi día a día. De ellos he aprendido a mirar el futuro con esperanza y, al mismo tiempo, a vivir el presente, caminando con ellos en su realidad concreta. Ellos me han enseñado a ser un acompañante cercano, abierto a sus historias, dispuesto a compartir sus alegrías y sus tristezas. También he descubierto que los jóvenes buscan en nosotros un signo creíble del amor de Dios; buscan ser escuchados antes que juzgados, buscan ser acompañados. Todo esto me ha llevado a agradecer a Dios por permitirme vivir esta experiencia misionera, y también a cada uno de ellos, porque me han permitido vivirla a su lado y descubrir, en sus vidas, el verdadero sentido de la misión.

Ahora que siento que el final de esta experiencia está casi a la vuelta de la esquina, lo único que le pido a Dios es que me permita seguir siendo un testigo coherente y creíble de Él ante los muchachos. Le pido que este voluntariado continúe siendo, con sus días buenos y sus días difíciles, una verdadera experiencia de Dios en mi vida.

Por todo ello, hoy puedo decir que no solo ha valido la pena decir «sí» al voluntariado internacional, sino que está valiendo la vida compartir esta etapa con ellos, porque me han hecho sentir querido y acogido en medio de la comunidad. Esta experiencia vale totalmente la pena porque uno deja atrás sus comodidades para incomodarse y salir en busca de Dios, que nos espera en los muchachos. Vale cada momento porque aquí uno aprende a hacer que la vida se haga vida entregándose sin medida.

Cristian Lita
Voluntario Misionero Internacional

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