El pasado fin de semana, el Oratorio San Francisco de Sales de Cuenca abrió sus puertas a quince historias distintas, quince búsquedas y quince maneras de creer. Los jóvenes de la Escuela de Catequistas José Cafasso, perteneciente a la parroquia San Juan Bosco, se reunieron para vivir un retiro espiritual inolvidable. Aunque este encuentro marcó el cierre de un proceso de formación que había iniciado meses atrás, mientras avanzaban las horas en la casa salesiana, se sentía más como un verdadero comienzo que como un final.
El lema «Ser fermento para ser fecundos», los acompañó desde el primer momento, no como una frase decorativa, sino como una pregunta profunda que se iba metiendo en sus vidas para cuestionar qué significa transformar el mundo desde la pequeñez.
Una de las actividades más significativas y simbólicas del retiro fue la elaboración artesanal del pan. Con harina, levadura y azúcar en las manos, los futuros catequistas se convirtieron en panaderos de su propia fe. Esta experiencia práctica les invitó a cada uno de ellos a entender el lema del encuentro de una forma palpable y cercana. Al amasar los ingredientes, comprendieron que, al igual que la levadura actúa en secreto y sin hacer ruido, su misión en la iglesia no requiere de grandes discursos, sino de una presencia silenciosa, constante y activa que sea capaz de hacer crecer lo bueno en los demás.
El retiro estuvo impregnado de intensos momentos de reflexión que permitieron a los jóvenes mirar hacia adentro, reconociendo lo que ilumina, lo que pesa y lo que todavía está creciendo en sus corazones. Otro espacio sumamente hermoso fue la creación del «mapa de fermento», una dinámica donde cada participante dibujó su historia personal, sus sueños más profundos y recordó a las personas que lo han sostenido en el camino. Eran quince semillas vivas, listas para abrirse y dar frutos en la comunidad oratoriana de Cuenca.
Al despedirse, nadie habló de una culminación, sino de un envío. Estos quince jóvenes regresaron a sus familias y a sus entornos con una luz nueva, pequeña, pero firme, listos para ser el fermento donde haga falta. Con este encuentro, la parroquia continúa con su compromiso de acompañar a la juventud, demostrando que la fe compartida en fraternidad es el motor que transforma vidas.

Dayanna Mogrovejo
Animadora del Oratorio San Francisco de Sales – Cuenca




