Verónica Oyervide: «Me siento una hija amada por Dios por todo lo que viví»

Durante un año, la misión salesiana de San Lorenzo, ubicada en la zona amazónica de Perú, se convirtió en el hogar de Verónica Oyervide (27). Hasta ese lugar, ella llegó con una consigna clara: anunciar a Cristo y compartir el carisma salesiano con los niños, niñas y jóvenes, el cual es una herencia de lo vivido y aprendido en su querido Oratorio Centro Juvenil María Auxiliadora (OCJMA) de su natal Cuenca.

En noviembre del 2023, al conmemorarse 50 años del proyecto del voluntariado, la Inspectoría de Ecuador envió al primer grupo de voluntarios misioneros internacionales. Una de las integrantes de este grupo fue Verónica que, siguiendo el llamado de Dios a esta vocación de servicio, partió a otras fronteras del mundo.

Tras su regreso al Ecuador, ella comparte sus experiencias, los aprendizajes y los planes a futuro luego de terminar su segunda experiencia como voluntaria, pues hizo su voluntariado nacional en la Comunidad de Wasakentsa tras culminar sus estudios secundarios.

¿Cuál fue la labor pastoral que desempeñaste en esta misión?

En este tiempo estuve a cargo de la parroquia. Esto implicaba la organización de actividades para los oratorios de los barrios, acompañar al grupo juvenil, a los monaguillos, formar parte de la catequesis y la organización de los encuentros a lo largo del año.

¿Cómo fue tu experiencia de vivir en una comunidad extranjera?

Desde un inicio, la Inspectoría de Perú nos recibió muy bien. Cuando llegamos a San Lorenzo, la comunidad nos incluyó en todas las actividades. Nunca hubo actividades donde salesianos iban por un lado y los voluntarios por otro. Nos acogieron súper bien y nos hicieron parte de la labor misionera que ellos realizan.

En cuanto a la gente también siempre nos trató con mucho cariño, los niños siempre querían abrazarte y las familias eran muy cercanas.

En la misión que realizaste, ¿qué significo el lema: «Anunciar a Cristo por el mundo»?

Al decir: «Anunciar a Cristo por el mundo», significa salir de tu país, de tu hogar, ir a otro sitio para ayudar a evangelizar desde el testimonio propio de la vida. En la ciudad de San Lorenzo no son muy religiosos y se está en ese proceso de evangelización. Entonces, mediante la catequesis, en el mensaje de las «Buenas noches» o en las reflexiones del Evangelio del día, queríamos que los niños y jóvenes sepan que Cristo siempre está con ellos y que lo pueden reconocer en las personas y en la naturaleza que los rodea.

¿Qué dificultades se presentaron en este camino?

La principal dificultad fue no contar con un equipo que tenga experiencia pastoral y pueda apoyar a todos. Por la propia cultura de los chicos, ellos viven el día a día, les falta perseverancia, constancia y un poco también de disciplina. Entonces, había que motivar mucho a los chicos para que se comprometan verdaderamente y ellos mismos tomen la iniciativa en el tema pastoral y no dependan de un salesiano o de un voluntario.

¿Qué experiencias, aprendizajes destacarías de tu voluntariado?

El hecho de compartir porque la mayoría de los niños y sus familias son de bajos recursos, entonces nos invitaban a su hogar, veíamos la realidad en la que vivían y a pesar de eso, nos invitaban un plato de comida, nos invitaban el mazato (chicha de yuca) y ese acto para ellos es muy importante. Uno valora mucho la solidaridad, la generosidad que a veces nos cuesta, pero ellos, desde su sencillez, comparten con mucho amor.

¿Cómo marcó esta etapa de tu vida el voluntariado?

Ya lo había pensado en Wasakentsa, y ahora reafirmo esta convicción de aportar, desde mi profesión como docente, a la educación a estos pueblos, a estos lugares que están alejados y compartir con ellos; ver cómo son tan felices con esa vida sencilla, me da ganas de yo también vivir lo mismo. Desde su propia vida te enseñan muchísimo y te demuestran que Dios está ahí contigo.

¿Cuáles son tus planes a futuro?

Mis planes eran hacer un año más de voluntariado, pero surgió una propuesta formal de trabajo. Entonces, voy a regresar a San Lorenzo el próximo año a trabajar desde mi profesión y a vivir allá haciendo una vida más independiente de la comunidad, pero con el apoyo de los salesianos.

Un mensaje para los jóvenes que tienen interés por este voluntariado…

El voluntariado es una experiencia de fe y realmente es un llamado. A los jóvenes les digo que, si sienten ese llamado en el corazón, se animen; sí hay mucho miedo, muchas crisis, pero considero que esa experiencia de Dios es mucho más fuerte y es lo que a uno realmente le impulsa a dejar todo y a ir al servicio. También, aparte de donar su vida, aprenden y se llenan mucho. Yo tenía unos vacíos antes de ir y ahora estoy confiada de que realmente me siento una hija amada de Dios por todo lo que viví. Es un año donde aprendes mucho y les digo a los jóvenes que se animen porque Dios les va a acompañar y nunca les va a abandonar.

Marco Padilla / Cristian Calderón

OSC

Fecha: 2024-01-22

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