Joaquín Garcés: ¡Mi experiencia como voluntario misionero internacional en la selva brasileña!

Estoy realizando mi experiencia de Voluntariado Misionero Internacional en la comunidad de Maturacá, una región bañada por los afluentes del río Cuaburi, en el estado de Amazonas, Brasil, en medio del pueblo Yanomami. La primera característica que llama la atención al hablar de esta misión es su difícil acceso, ya que el único medio de transporte es el río. Los viajes hasta la ciudad más cercana pueden durar entre ocho y diez horas, en el mejor de los casos.

La vida comunitaria era la mayor incertidumbre que tenía antes de venir, pues convivir con religiosos de personalidades y orígenes tan diferentes al mío, no me parecía tarea sencilla. Pero, siento que uno aprende mucho por esas diferencias. Esta casa salesiana está conformada por 4 personas, y nuestras principales responsabilidades son el acompañamiento de la ‘Escuela Estadual Inmaculada Concepción’ y de la parroquia ‘Nuestra Señora de Lourdes’. Además, todos participamos en el mantenimiento cotidiano de la misión: limpieza de la casa, cuidado de las áreas comunes, turnos de cocina, alimentación de las gallinas y distribución de la merienda escolar; he aprendido mucho de todas estas tareas diarias.

Mi colaboración en la escuela es como profesor de español en los niveles de Básica Superior y en la asistencia general de los jóvenes. También, durante un mes, estuve al frente de la organización del ‘Curso de Informática Básica’, que concluyó con la entrega de certificados a los participantes.

Trabajar con los jóvenes Yanomami está siendo un verdadero desafío, principalmente por las diferencias lingüísticas y culturales. Aprender el portugués fue el primer paso, pero enseguida le siguió aprender palabras, frases y rezos en yanomami para conectar y construir buenas relaciones con ellos.

También me ha impactado la situación de precariedad que viven muchas familias. He aprendido que el mejor regalo que puedo ofrecer durante este año es mi disponibilidad y mi oración diaria. Esta experiencia está siendo una fuente de crecimiento humano y espiritual. No dudo ni un día de la decisión que tomé, pues venir tan lejos de casa para servir en las cosas sencillas está resultando un regalo verdaderamente extraordinario.

Joaquín Garcés
Voluntario Misionero Internacional

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