Cada día es un «sí» a Dios que no deja de transformar mi vida de formas que nunca imaginé. Mi lugar de misión no está en el silencio profundo de la selva, como quizás imaginé al principio; mi misión se hace presente en medio del ruido vibrante de la ciudad y de la contagiosa alegría brasileña. Hoy, mi corazón tiene casa en la Escuela Salesiana de Trabajo en Ananindeua.
Formo parte de la Comunidad Salesiana Nuestra Señora Auxiliadora, junto a sacerdotes, un hermano coadjutor, teólogos en formación y otro voluntario. Me inspira ver a personas reales, con sus propias historias, que un día tuvieron la valentía de decir «sí» a Dios. Nuestro motor es la oración comunitaria: cada mañana y cada tarde ponemos en sus manos nuestras actividades. Estar rodeada de este testimonio me anima a seguir entregándome, recordándome que, aunque cada uno vive su propio proceso, todos formamos parte de esta misma familia que busca hacer presente el amor de Dios en el corazón de nuestros jóvenes.
Bajo la mirada protectora de María Auxiliadora, acompaño a los jóvenes de la obra social y de la escuela profesionalizante. Mi misión diaria es sencilla pero profunda: estar en la pastoral, compartir mis clases de español y, sobre todo, estar presente. Es escucharlos, sostenerlos en sus dificultades y ser parte de su cotidianidad para crear espacios donde se sientan genuinamente amados y valorados.
He aprendido, además, que la misión salesiana es una construcción colectiva. Colaborar con cada trabajador de esta casa me ha enseñado que aquí todos somos educadores. No importa el rol que desempeñemos: cada persona es un reflejo vivo del carisma salesiano. Aquí siempre me he sentido en familia; todos han hecho que mi misión sea profundamente compartida. Esta certeza de no estar sola me llena de fuerza, sabiendo que cada uno, desde lo que hace, entrega lo mejor para que estos jóvenes descubran su inmenso valor. Nuestro mayor anhelo es acompañarlos y regalarles una nueva visión del mundo para que, creciendo como buenos cristianos y honestos ciudadanos, se conviertan en protagonistas de su propia historia.

Doménica Cárdenas
Voluntaria misionera internacional




