En la fiesta del 24 de junio, el Rector Mayor relanza la gratitud como camino educativo y profético

Al término de las solemnes Vísperas celebradas en la Basílica del Sagrado Corazón en Castro Pretorio, el Rector Mayor, P. Fabio Attard, dirigió las tradicionales «Buenas noches» a los salesianos, a los miembros de la Familia Salesiana y a los amigos presentes, ofreciendo una profunda reflexión sobre el tema: «Gratitud y reconocimiento en la tradición salesiana».

En el día 24 de junio, solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista y fecha tan querida en la tradición de Valdocco, el Sucesor de Don Bosco recordó cómo esta no es «una fecha cualquiera», sino una jornada cargada de memoria, afecto y significado espiritual. Precisamente el 24 de junio, en efecto, los jóvenes del Oratorio expresaban espontáneamente a Don Bosco su reconocimiento, en un clima auténticamente familiar.

La gratitud: categoría espiritual del Sistema Preventivo

El Rector Mayor subrayó cómo la gratitud no es un elemento accesorio o puramente emotivo de la espiritualidad salesiana, sino que pertenece al corazón mismo del carisma. Representa una verdadera categoría espiritual, educativa y pastoral, hasta el punto de poder afirmar que el Sistema Preventivo se comprende desde dentro precisamente a partir de la gratitud.

Ser agradecidos – explicó – significa reconocer que la vocación nace de una historia de gracia. El carisma no es una posesión, sino un don recibido y confiado a la responsabilidad de cada uno. Nadie es dueño del carisma salesiano: todos son deudores de él.

La gratitud se convierte así en un «acto de verdad»: reconocer que la propia vida ha sido acompañada por rostros, encuentros, mediaciones e incluso pruebas a través de las cuales el Señor ha tejido el camino personal y comunitario.

Don Bosco: hijo antes que padre

Recordando la figura de Don Bosco, padre Attard destacó un aspecto a menudo pasado por alto: el Santo de los Jóvenes supo dejarse educar. De Mamá Margarita, del padre Calosso y del padre Cafasso aprendió un estilo de dócil humildad a la acción de Dios.

No existe fecundidad carismática sin humildad filial – afirmó – ni verdadera paternidad espiritual sin haber aceptado ser hijos. La memoria agradecida hacia quienes nos han engendrado en la fe y en la vocación custodia la verdad de la misión.

Del mismo modo, Don Bosco supo responder con fe a la iniciativa de la Providencia: no fundó una obra basándose solo en estrategias humanas, sino leyendo la realidad con ojos espirituales, viendo en los jóvenes no un problema, sino una llamada.

Reconocimiento que genera compromiso

La gratitud, sin embargo, no es nostalgia ni sentimentalismo. Es generativa. Si es auténtica, se traduce en compromiso.

Don Bosco no se limitó a enseñar a los jóvenes a decir «gracias», sino que construyó un ambiente en el que la gratitud se convertía en estilo de relación y principio educativo. El joven amado aprendía a confiar; el joven respetado aprendía a respetar. La ingratitud, por el contrario, encierra el corazón en la pretensión y apaga el asombro.

La madurez – subrayó el Rector Mayor – no consiste en ser independientes de todo y de todos, sino en reconocer libremente el bien recibido y transformarlo en bien compartido.

Gratitud como estilo de gobierno

Una parte significativa de la reflexión estuvo dedicada al tema de la autoridad. La gratitud – afirmó – debe convertirse en estilo del Rector Mayor y de todos aquellos que están llamados al gobierno.

Sin gratitud, la autoridad corre el riesgo de perder su rostro evangélico. Esta recuerda al responsable que es servidor de un bien recibido, no propietario de un bien producido por sí mismo. La autoridad auténtica nace de la confianza, no de la apropiación.

La gratitud se traduce concretamente en un estilo hecho de escucha, respeto, discreción, capacidad de corregir sin humillar, firmeza sin rigidez. Es un estilo que hace que la autoridad sea humanamente bella y evangélicamente creíble, a ejemplo de la paternidad de Don Bosco.

Cultura del reconocimiento y sobriedad evangélica

El Rector Mayor recordó además la importancia del reconocimiento hacia los bienhechores, partícipes de la misión salesiana. La gratitud hacia ellos no es diplomacia, sino justicia espiritual.

Al mismo tiempo, educa en la sobriedad y en el uso transparente y responsable de los bienes confiados: quien reconoce un don no lo desperdicia, sino que lo custodia al servicio de los jóvenes y de los pobres.

«Aquí somos todos de Don Bosco»

En la conclusión, padre Attard retomó el célebre lema de Carlo Gastini: «Aquí somos todos de Don Bosco». Una expresión que no indica solo pertenencia afectiva, sino conciencia espiritual: la salesianidad es fruto de un don, de una tradición viva, de una gracia que atraviesa las generaciones.

El 24 de junio, por tanto, no es solo la fiesta de un nombre, sino la celebración de una relación que desde Valdocco se ha extendido al mundo entero. En un tiempo marcado por el individualismo y la desconfianza, la gratitud puede convertirse en un verdadero camino educativo y espiritual, capaz de generar – concluyó – una humanidad más sana, libre y feliz.

Con sus «Buenas noches», el Rector Mayor entregó así a la Familia Salesiana no solo una reflexión para la fiesta, sino una orientación para el camino: vivir la misión como respuesta agradecida a una gracia recibida.

El texto completo de la Buenas noches del Rector Mayor está disponible aquí.

Fuente: ANS

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