Hubo risas que se escucharon desde lejos. Hubo juegos que hicieron olvidar el reloj. Y hubo algo difícil de describir, pero fácil de sentir: esa alegría genuina que solo los niños saben contagiar. Así celebró la Sede Norte de la Unidad Educativa Fiscomisional Don Bosco de Macas el Día del Niño, con una mañana donde cada detalle fue preparado con cariño para que los más pequeños vivieran algo que recordarán por mucho tiempo.
En la tradición salesiana, el patio nunca ha sido un simple recreo. Es el lugar donde pasan las cosas importantes: donde un niño tímido se atreve a jugar, donde nace una amistad sin que nadie la planifique, donde un educador se convierte en compañero sin dejar de ser referente. Ese espíritu estuvo presente en cada rincón de la jornada, recordando que educar no ocurre únicamente entre cuatro paredes.
Los estudiantes corrieron, jugaron, se rieron y, sobre todo, fueron ellos mismos. Nada de rutinas, nada de formalismos. Solo niños siendo niños, en un ambiente donde sentirse acogido no fue casualidad sino intención: la intención de una comunidad que entiende la alegría como parte esencial de su misión.
Hubo una frase de Don Bosco que no hizo falta pronunciar porque simplemente se vivió: «Mi mayor satisfacción es verlos alegres». En cada sonrisa, en cada carcajada, en cada juego compartido, se reflejó el sentido más profundo de educar desde el amor y la cercanía. Porque hay verdades que no se explican, se sienten.
Y cuando terminó la mañana, quedó algo en el aire. Quedó la certeza de que la infancia merece ser celebrada, protegida y acompañada. Quedó el compromiso silencioso de seguir construyendo espacios donde los niños crezcan sabiendo que hay adultos que los quieren de verdad. El Día del Niño pasó, pero la alegría de ese patio, esa sí que permanece.

Gerardo Ubertín
Referente Local de Comunicación | Comunidad de Macas




