La santidad que florece junto a María Auxiliadora en la memoria salesiana del Ecuador

La historia salesiana en el Ecuador no puede comprenderse sin la presencia amorosa y providente de María Auxiliadora. Desde la llegada de los primeros misioneros hasta las obras educativas y evangelizadoras de hoy, la Virgen ha sido inspiración, consuelo y fuerza para quienes han entregado su vida al servicio de los jóvenes y de los pueblos más olvidados.

Para Don Bosco, la santidad era el fundamento de toda misión. El misionero debía ser, ante todo, un hombre de Dios. Nadie puede santificar a otros si no busca su propia santidad.  primero no busca la santidad en su propia vida.

En el Ecuador, la espiritualidad salesiana ha encontrado en María Auxiliadora una madre cercana. En la selva amazónica, pueblos indígenas, barrios populares y ambientes educativos. Allí donde un salesiano abrió una escuela, acompañó a un joven o anunció el Evangelio, María caminó primero.

La devoción a María Auxiliadora acompañó siempre la misión. Los misioneros partían con el rosario en la mano, con la mirada puesta en la Virgen y con la certeza de que ella protegería cada obra naciente.

Santa María Troncatti, la Auxiliadora en medio de la selva

Entre las figuras más luminosas de la santidad salesiana en el Ecuador resplandece la santa  María Troncatti, hija de María Auxiliadora, enfermera, catequista y madre de los pueblos amazónicos, dedicó su vida a servir a los más pobres con ternura heroica.

Llegó a la Amazonía ecuatoriana impulsada por el espíritu misionero salesiano y encontró en María Auxiliadora la fuerza para enfrentar enfermedades, incomprensiones y enormes sacrificios. Su vida cotidiana estaba impregnada de una confianza absoluta en la Virgen, devoción que compartía en medio del pueblo shuar.

Un testimonio del coadjutor Cosme Cossu recuerda: “El nombre de María Auxiliadora siempre estaba en sus labios… Ella vivía su devoción a la Virgen Auxiliadora, nos la inculcaba a nosotros, a los muchachos que se acercaba; pero la mejor parte era sin duda para las shuar del internado y para las hermanas”.

Su vida refleja: alegría en el sacrificio, confianza absoluta en María y entrega total a los jóvenes y a los pobres. En medio de la selva, Sor María Troncatti mostró que la santidad se construye en lo cotidiano, en el servicio humilde y en el amor concreto.

Una señora también recuerda su palabra sencilla y profunda: “Invoca a María Auxiliadora y verás la paz en casa”.  Decía frecuentemente: “María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros”. Siempre tenía en los labios: “Dios y María Auxiliadora”; y dirigiéndose a sus hermanas, insistía: “Siempre debéis confiar en María Auxiliadora”.

Venerable Carlos Crespi, el corazón salesiano de Cuenca

Otra figura recordada especialmente en Cuenca, es el padre Carlos Crespi, conocido por su inmensa caridad y cercanía con los pobres.

Sacerdote salesiano, científico, educador y misionero, el padre Crespi hizo de su vida una ofrenda generosa. Quienes lo conocieron recuerdan su capacidad de escuchar, de ayudar silenciosamente y de abrir siempre las puertas a quienes sufrían necesidad.

Desde sus años de formación en el colegio San Ambrosio de Milán, la vida del P. Crespi estuvo marcada por una fuerte experiencia espiritual, la Virgen apareció en sus sueños: «Me veía a mí mismo vestido de sacerdote con una larga barba en un viejo púlpito y yo estaba predicando a una cantidad de gente. El púlpito parecía más bien que estaba en una cabaña que en una iglesia»,

Su devoción a María Auxiliadora marcó toda su espiritualidad. En Ella encontraba fortaleza para servir incansablemente.

Desde el Santuario de María Auxiliadora, promovió y difundió esta devoción entre grandes y pequeños, convirtiéndose en un verdadero apóstol mariano en la vida cotidiana del pueblo.

Su amor a la Virgen se expresó también a través de la música, siento autor del himno “Auxiliadora Madre de Dios”, con el cual ayudó a expresar la fe y la confianza del pueblo en la protección materna de María.

Muchos lo consideran un verdadero santo de la vida cotidiana, un hombre que convirtió la caridad en lenguaje universal.

Siervo de Dios, Luis Bolla y su devoción a María Auxiliadora

La vida misionera del P. Luis Bolla está profundamente marcada por una filial devoción a María Auxiliadora, que lo acompañó en los momentos decisivos de su vocación y de su misión entre los pueblos shuar.

Desde sus primeros años como misionero en el Ecuador, la obediencia y el envío a tierras de misión fueron vividos por él como una respuesta providencial. En una carta dirigida a sus padres recuerda un momento interior de fuerte prueba: “me lloró el alma, pero pensando que era la Virgen María que me lo pedía acepté, tragando un poco el amargo, pero esa fue luego mi felicidad”. Una espiritualidad profundamente mariana, donde la obediencia se transforma en camino de paz cuando es acogida bajo la mirada de la Virgen.

La presencia de María Auxiliadora se hizo aún más concreta en las experiencias vividas en la misión. En Bomboiza, a fines de 1954, un accidente a caballo puso en riesgo su vida y sus pertenencias: perdió varios objetos, pero logró recuperar sus apuntes de estudio de la lengua shuar, que consideraba esenciales para su misión. Aquel hecho lo interpretó como un signo providencial: “Vi la mano de la Virgen y no lo olvidé jamás, de dedicarme a fondo a las sub lenguas shuar y luego el achuar”. En la sencillez de lo cotidiano, el misionero reconocía la acción materna de María que lo guiaba en su entrega evangelizadora.

En sus oraciones más simples se refleja su profunda relación con Dios y María Auxiliadora: “Jesús, ten piedad de mí, enséñame a rezar. Llámame a ti, Señor. María, pongo mi vida bajo tu manto”.

Así, la vida del P. Luis Bolla muestra cómo la devoción a María Auxiliadora no fue un elemento accesorio, sino el hilo espiritual que sostuvo su vocación misionera. Bajo su amparo, supo transformar las pruebas en ofrenda y la misión en un camino de fidelidad, entrega y amor al Evangelio.

Don Bosco repetía constantemente: “María lo ha hecho todo”. Esta convicción no era una simple expresión devocional; era la certeza profunda de que la Virgen guiaba cada paso de la misión salesiana. También en tierras ecuatorianas, se hizo visible en la vida de misioneros que dejaron huellas imborrables de santidad.

Angélica Almeida
Archivo Histórico Salesiano

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