Hablar de redes sociales hoy va mucho más allá de pasar el tiempo frente a una pantalla; significa adentrarse en el nuevo patio virtual donde millones de jóvenes pasan varias horas al día, conversan y definen quiénes son. La propuesta salesiana entiende este escenario de forma positiva, asumiéndolo como un territorio fértil e idóneo para sembrar valores y caminar al lado de la juventud en su crecimiento humano y espiritual.
Para comprender la magnitud de este desafío, conviene sintonizar con el magisterio reciente del papa León XIV; su encíclica Magnifica Humanitas nos coloca ante una encrucijada crucial, donde corremos el riesgo de levantar una nueva torre de Babel digital (guiada por el orgullo, la uniformidad de las pantallas y el dictado frío de los algoritmos), o podemos decidirnos a tejer una comunidad auténtica que proteja la dignidad de cada persona. El Santo Padre lanza una advertencia sobre el peligro de desdibujar nuestro propio rostro ante la omnipresencia de la inteligencia artificial; la tecnología cobra un sentido real únicamente cuando se rinde ante el bienestar colectivo y conserva un núcleo profundamente humano. Ahí es donde la intuición histórica de Don Bosco de estar presentes donde están los jóvenes recupera una fuerza tremenda; habitar internet exige superar la simple saturación de contenidos automáticos, siendo la verdadera tarea abrir canales de empatía real para que cobre vida el mandato de Marcos 16:15 («Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva»), expandiendo sus fronteras hacia este inmenso continente digital.
La ciencia detrás de la pantalla
Esta postura se sostiene en evidencias científicas y académicas muy firmes, dejando atrás las meras intuiciones pastorales; diversos estudios sobre educación digital confirman el verdadero poder de los entornos virtuales. Cuando existe un propósito claro y un acompañamiento inteligente, estas herramientas multiplican el aprendizaje colaborativo, encienden el debate de ideas y consolidan destrezas críticas que resultan vitales en el siglo XXI; a pesar de los riesgos innegables de una mala gestión, la literatura demuestra que el contacto con narrativas inspiradoras activa el compromiso ciudadano de la juventud. La pantalla se transforma por completo, dejando atrás el consumo pasivo para convertirse en un motor de análisis crítico enfocado en resolver problemas de la comunidad; el ecosistema salesiano nos pide hablar el mismo idioma de los jóvenes, tejiendo redes orientadas genuinamente hacia el bien común.
El CIRC como medio institucional para edificar la comunidad
La Unidad Educativa María Auxiliadora (UEFMA) asume la construcción de la comunidad como una tarea medular, situando al Club de Investigación para la Redacción Científica (CIRC) como uno de los medios estratégicos para consolidar este propósito; guiado por su lema «Curiosidad que crea conocimiento», este espacio destaca por vincular el rigor de la investigación estudiantil con la transformación y el servicio social. El panorama contemporáneo, bajo esta óptica, nos plantea un reto de articulación, dado que el club representa un eslabón fundamental dentro de un engranaje mucho más amplio; la auténtica evolución escolar brota al entrelazar estas iniciativas de redacción con la totalidad de la vida institucional.
Esta visión de corresponsabilidad halla eco en el pasaje bíblico que León XIV recupera en Magnifica Humanitas: el relato de Nehemías y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. El texto nos recuerda que la ciudad no renació por el esfuerzo de un líder solitario o de un grupo aislado, sino gracias a la responsabilidad compartida de todo el pueblo, consolidando una labor colectiva donde cada familia, joven y artesano levantó un tramo específico de la muralla. Trasladar este enfoque a las aulas nos invita a cruzar la investigación científica con la cotidianidad del colegio, integrando el arte, la cultura y la educación física.
Una experiencia en primera persona
A nivel personal, navegar por las redes sociales ha sido una escuela constante de cuestionamiento; en el día a día virtual me he topado con iniciativas, testimonios de vida y reflexiones capaces de hacerme pensar detenidamente en la dirección de mis propias acciones. Soy testigo directo de la fuerza que tiene nuestra generación, un grupo humano apto para movilizar causas solidarias y provocar transformaciones profundas con un solo clic.
El Evangelio resume este llamado con total claridad: «Ustedes son la luz del mundo» (Mateo 5:14); nuestra misión consiste en iluminar los entornos digitales mediante la defensa de la verdad y el respeto mutuo. Don Bosco repetía siempre que «la educación es cosa del corazón»; por eso, la evangelización en internet tiene que superar la simple difusión de opiniones o discursos, ya que el propósito último radica en edificar refugios virtuales donde cada joven se descubra escuchado, valorado y profundamente amado.

Autora: Estudiante Melany Mieles – miembro investigadora del CIRC-UEFMA
Asesor: MSc. Elio Ramirez Rubira – fundador y director del CIRC-UEFMA




