James y Thomas: la historia de dos niños que estudian en Sudán del Sur gracias al apoyo de la Campaña Misionera

Lo que comenzó como un gesto de solidaridad durante la Campaña Misionera 2025 de la Inspectoría Salesiana del Ecuador, hoy se traduce en oportunidades concretas para niños y adolescentes de Sudán del Sur. Los recursos recaudados permitieron fortalecer el proyecto educativo de la Misión Salesiana de Maridi, una iniciativa que sostiene el acceso a la educación en una de las regiones más vulnerables del continente africano.

La ayuda enviada desde Ecuador contribuye al sostenimiento de tres escuelas administradas por los salesianos, instituciones que funcionan sin apoyo estatal ni respaldo económico de la Iglesia local. En el actual año lectivo, las escuelas superaron los mil estudiantes matriculados, una cifra que refleja el crecimiento de la confianza de las familias en la propuesta educativa salesiana. El año anterior la matrícula no alcanzaba los 800 alumnos.

Entre los factores que explican este incremento se encuentran la estabilidad de las pensiones escolares y las facilidades brindadas a las familias para cubrir los costos educativos mediante productos agrícolas o animales. A ello se suma el esfuerzo por mejorar las condiciones laborales de los docentes, cuyo salario promedio pasó de 20 a 40 dólares mensuales.

Los aportes de la campaña misionera también han permitido avanzar en la construcción del cerramiento de una de las escuelas, una obra que busca fortalecer la seguridad, la disciplina y el acompañamiento de los estudiantes.

Sin embargo, el impacto más significativo se encuentra en las vidas de quienes hoy pueden continuar estudiando gracias a estas ayudas.

Es el caso de James Gamboripai, un adolescente de 14 años que perdió a sus padres durante sus primeros años de vida y fue criado por su abuela. A pesar de las dificultades económicas, ha mantenido un destacado desempeño académico desde el inicio de su formación escolar.

“El año pasado solo pude pagar la pensión de un trimestre. Los demás los cubrí ayudando en algunos trabajos dentro de la misión para poder continuar estudiando. Este año, gracias a su generosidad, podré seguir en la escuela”, relata James.

La beca representa para él la posibilidad de continuar un proceso educativo que su familia ha defendido con esfuerzo durante años.

Otra historia es la de Thomas Santo. Hasta hace poco, nunca había asistido a la escuela. Tras la separación de sus padres, vivía de manera temporal con distintos familiares y acudía a la misión para cuidar la huerta a cambio de un plato de comida.

Su situación llevó a los salesianos a crear una clase especial destinada a niños que nunca habían tenido acceso a la educación formal. El objetivo era acelerar su aprendizaje e incorporarlos posteriormente al sistema regular.

Hoy Thomas cursa el primer grado de educación básica. Aunque persisten desafíos relacionados con su entorno familiar y la falta de recursos económicos, continúa asistiendo a clases y construyendo un futuro distinto.

Historias como las de James y Thomas muestran el alcance de la solidaridad que movilizó a cientos de personas durante la Campaña Misionera 2025. A miles de kilómetros de distancia, el apoyo de la Inspectoría Salesiana del Ecuador sigue abriendo puertas donde la educación aún representa un privilegio y no un derecho garantizado. Allí, en medio de dificultades económicas y sociales, la misión salesiana continúa apostando por la educación como camino de transformación para las nuevas generaciones.

P. Heraldo Bosquez
Misionero salesiano ecuatoriano en Sudán del Sur

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