Misiones en Guaranda: acompañar y servir transforman la fe juvenil

Del 19 al 25 de enero, la misión en Guaranda se convirtió en un espacio de encuentro, servicio y fe para los jóvenes de los CES de la Comunidad San Juan Bosco de Guayaquil. La docente de la UESF Domingo Comín, Ing. María del Cisne Suquitana, vivió una experiencia que, más allá del cansancio físico, dejó profundas enseñanzas personales, educativas y espirituales.

La docente resalta el valor del servicio en la educación de los jóvenes, ya que estas experiencias les permiten desarrollar habilidades esenciales como la empatía, la solidaridad y la responsabilidad social. El servicio los ayuda a comprender que son parte activa de una comunidad y que sus acciones pueden generar un impacto real en la vida de los demás, mientras que la misión les enseña que educarse no es solo adquirir conocimientos, sino también aprender a servir con el corazón.

Uno de los aspectos más significativos fue el acompañamiento pastoral, el cual se manifestó en cada momento del camino: en la escucha atenta, en el apoyo constante y en la certeza de que, ante cualquier dificultad o emergencia, no se caminaba solo. La experiencia permitió descubrir a Dios en múltiples escenarios; su presencia se hizo palpable en la Eucaristía celebrada junto a la comunidad, un espacio de recogimiento y gratitud compartida en la naturaleza que rodeaba a Tigreurco.

A nivel personal, la gratitud y humildad surgieron al ver cómo la comunidad de Tigreurco abrió sus puertas y su corazón, compartiendo lo poco o mucho que tenían con alegría, invitando a reflexionar sobre la importancia de la sencillez, que muchas veces se pierde en la rutina diaria.

La experiencia misionera también transforma la forma de educar en el aula, pues vivir el servicio permite a los docentes inspirar a sus estudiantes, motivándolos a ser conscientes de la realidad que los rodea y a comprometerse activamente con ella.

De la comunidad de Tigreurco, los misioneros se llevaron mucho más que recuerdos, se llevaron la hospitalidad sincera, fe y la sensación de haber encontrado un segundo hogar, las vivencias, conversaciones y momentos compartidos dejaron amistades que, sin duda, perdurarán en el tiempo.

Como toda misión, también hubo retos. Seguir el ritmo de los jóvenes fue uno de los mayores desafíos: subir montañas, caminar largas horas y realizar actividades físicas exigentes pusieron a prueba la resistencia del grupo. Sin embargo, el cansancio se transformó en risas y anécdotas inolvidables, como aquella subida de más de dos horas bajo la lluvia y la neblina, cuando uno de los chicos, en medio de una pausa, bromeó diciendo: «Espere miss, estoy pidiendo el Uber para que nos lleve», provocando carcajadas que renovaron el ánimo de todos.

Entre las historias más memorables está la jornada en la que debieron bajar una montaña para ordeñar vacas y luego dirigirse al río. La adrenalina apareció cuando las vacas comenzaron a bajar corriendo, obligando al grupo a apurar el paso.

Esta experiencia misionera permitió descubrir nuevas fortalezas personales, como la capacidad de adaptarse a situaciones inesperadas, enfrentar desafíos físicos y encontrar soluciones creativas. Cuando se camina en comunidad, siempre es posible ir más lejos.

En una sola frase, esta experiencia se resume así: «Un encuentro con la fe y la calidez de Tigreurco que nos cambió la vida», una misión que reafirma que acompañar, servir y compartir no solo transforma a quienes reciben, sino también y profundamente a quienes dicen sí al llamado de salir al encuentro del otro.

Dennisse Vizcaino en colaboración con la docente Ing. María del Cisne Suquitana
Equipo de Comunicación y RRPP | Comunidad San Juan Bosco de Guayaquil

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