En la Isla Trinitaria, al sur de Guayaquil, ocho familias habitan espacios más seguros, saludables y dignos gracias a un proceso de mejoramiento de vivienda que transformó no solo paredes y techos, sino la forma de vivir el día a día.
Antes de la intervención, las condiciones eran similares en varios hogares: divisiones hechas con sábanas o caña, techos oxidados sostenidos por madera con polillas, pisos de tierra, instalaciones eléctricas improvisadas y baños sin conexión adecuada a agua potable ni desagüe. En temporada de lluvias, el agua ingresaba a las viviendas; en el calor, el zinc deteriorado convertía los espacios en hornos. Dormir, cocinar o estudiar se volvía un riesgo cotidiano.
Hoy, esas realidades cambiaron. Se levantaron paredes completas, se elevaron cerramientos laterales, se cambiaron techos, se construyeron divisiones internas, se instalaron puntos eléctricos seguros, baños funcionales, duchas, mesones de cocina y pisos firmes. Lo básico, que para estas familias era un anhelo lejano, ahora es parte de su vida diaria.
Historias que reflejan esfuerzo y resiliencia
Georgina Apolinario, costurera y abuela, ha vivido más de 25 años en el sector. Su vivienda tenía una pared interior a media altura y un techo con agujeros por el óxido, sostenido por madera deteriorada. En invierno, el agua se filtraba con facilidad. Hoy, su casa cuenta con divisiones completas y un techo seguro que protege a sus hijos y nietos.
La familia Jordán Baquerizo, recolectores de cangrejo que llegaron desde Puná, utilizaba la pared del vecino como cerramiento y tenía una instalación eléctrica precaria. Su baño estaba en malas condiciones y el acceso al agua era limitado. Con el mejoramiento, ahora cuentan con cerramientos propios, sistema eléctrico adecuado y un baño digno.
María Landázuri, madre soltera, vivía con sus hijos y una nieta recién nacida en un espacio sin divisiones internas; el baño estaba hecho con plásticos y sábanas, y la pared posterior era de zinc oxidado. El hacinamiento representaba un riesgo, especialmente para la bebé. Hoy tienen dormitorios definidos, baño sanitario y acceso interno a agua potable.
La familia Baquerizo Yagual tenía pisos de tierra en los dormitorios, techo sostenido por caña y un baño improvisado sin instalaciones sanitarias. Ahora cuentan con pisos firmes, divisiones y servicios básicos adecuados.
En el hogar de la familia Arana Mina, las divisiones eran cortinas de tela, parte del piso era de tierra y el baño no tenía puerta ni desagüe. Actualmente, disponen de espacios definidos, piso concluido y un baño funcional.
Andrea Vásquez Ortiz creció en una casa sobre el estero, a la que se accedía por puentes de caña. Aunque con los años logró levantar paredes de cemento, el techo de zinc oxidado y la estructura de madera deteriorada seguían representando un riesgo para sus cuatro hijos pequeños. Hoy, su hogar cuenta con un techado seguro y una instalación eléctrica adecuada.
Elsa Maldonado Falconi, adulta mayor y colaboradora activa de su parroquia, vivía sola en una vivienda cuyo patio estaba cerrado con pedazos de eternit y zinc oxidado, situación que facilitaba robos. Ahora cuenta con un cerramiento seguro que protege su hogar.
Karen Erazo Tama, madre soltera de dos niños pequeños, habitaba una casa con piso de tierra, sin divisiones internas, sin instalaciones de agua, luz ni desagüe, y con puertas y ventanas de caña. Hoy, su vivienda tiene piso firme, divisiones y servicios básicos instalados.
Más que infraestructura: salud, seguridad y esperanza
Estos mejoramientos reducen riesgos sanitarios, previenen enfermedades respiratorias y gastrointestinales, mejoran la seguridad eléctrica y brindan privacidad a niñas, niños y adolescentes para estudiar y descansar.
Porque una vivienda digna impacta directamente en la salud física, emocional y familiar.
Esta acción fue posible gracias al financiamiento de la Fundación Pöschl Stiftung, que apuesta por transformar realidades desde lo más esencial: el hogar.
Hoy, en la Isla Trinitaria, ocho familias no solo tienen mejores casas. Tienen mejores condiciones para vivir, crecer y soñar.
Evelyn Mendoza
Referente Local de Comunicación | Fundación Proyecto Salesiano Guayaquil










