La labor misionera vuelve a ponerse
al centro de nuestras preocupaciones. El “ardor del corazón” o el apasionamiento por la humanidad y por
Cristo tal como nos pide el CGXXVI, es posible sólo a partir del entusiasmo que nos proviene del mandato
misionero del Señor y de nuestra rica tradición espiritual heredada de Don Bosco; pero, particularmente, de la
contemplación de las nuevas pobrezas que afectan sobretodo a los jóvenes en diversos contextos.
Por otro lado, hace poco fuimos sede del Congreso Americano Misionero y al lanzamiento de la Misión Continental celebrados en nuestro país. Estas iniciativas hablan de un despertar misionero en nuestra Iglesia que involucra no sólo a las iglesias locales y a la vida religiosa, sino a los propios laicos que cada vez más optan por dedicar tiempos definitivos o parciales a favor del anuncio del evangelio.
En cuanto Iglesia universal estamos empeñados en meditar y vivir la gran figura del Apóstol Pablo, misionero del resucitado en medio de los gentiles. Pablo se nos presenta como el apasionado por Cristo que se lanza con audacia por los caminos del mundo para que los pueblos puedan conocer la Buena Noticia.
Nuestra Inspectoría, desde sus orígenes, se ha caracterizado por su compromiso misionero expresado en el servicio educativo-pastoral al pueblo Shuar y más tarde a los pueblos Achuar, Kichwa y afroecuatoriano.
El aporte que los misioneros salesianos han podido dar a los pueblos a los cuales han servido se ha caracterizado, en general, por una opción de inculturación, inserción y acompañamiento de los procesos organizativos, educativos, de promoción humana y fortalecimiento cultural.
Prioritariamente se ha buscado la formación de una Iglesia con rostro indígena.
Por supuesto se han tenido errores; pero por sobretodo ha prevalecido la entrega generosa en el anuncio del evangelio y el amor a los pueblos. Esta condición misionera de nuestra Inspectoría debe ser entendida y valorada como un regalo de Dios que nos ha permitido servir a los más pobres entre los pobres.
Hoy en día tanto la Iglesia como la Congregación nos llaman a reavivar nuestra vocación misionera. El CG XXVI amplía el sentido y alcance de la misión cuando dice que no se trata solo de fronteras geográficas, sino también sociales, culturales, económicas, religiosas y, por otro lado, esos destinatarios de esas fronteras están presentes en nuestras propias obras. Los desafíos de la inclusión se van convirtiendo cada
vez más en tareas misioneras.
Por supuesto que esa ampliación de significado no quita el compromiso
clásico con los pueblos no evangelizados o en procesos de evangelización; al contrario, nos obliga a replantearnos los objetivos, estilos y líneas de acción.
El desafío consiste en hacer presente la dimensión misionera en todas nuestras obras y en renovar con audacia lo que actualmente estamos haciendo. Esta tarea es personal, comunitaria e inspectorial. Todos llamados a descubrir las “nuevas fronteras” presentes en nuestras obras.
En nuestro Proyecto Orgánico Inspectorial (POI) se plantean algunos objetivos, procesos e intervenciones que tocan específicamente el trabajo misionero con los pueblos indígenas y afro.
Para este sexenio se busca como objetivo: Impulsar y renovar nuestras opciones preferenciales: misiones amazónicas, misiones andinas, niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo, y afroecuatorianos.
En cuanto a procesos a desatar queremos pasar de una acción pastoral misionera que ha respondido a situaciones de los pueblos en su momento, a una pastoral misionera desafiada por los nuevos contextos socio-culturales, políticos y jurídicos. Para concretar lo anterior se quiere actualizar, en concordancia con las nuevas realidades de la Inspectoría y del Vicariato de Méndez, las relaciones interinstitucionales. Por otra parte, ofrecer una nueva propuesta pastoral a la misión salesiana de Zumbahua. Asegurar la continuidad de la presencia misionera salesiana en la Provincia de Bolívar, y unificar la animación y gestión de las obras de la Casa de Esmeraldas.
Todas estas iniciativas que se desarrollarán en estos años requieren de una fuerte experiencia de Dios, de una actitud de apertura a las nuevas realidades culturales, de una sensibilidad por los
más pobres y de generosidad para dar de nuestra pobreza.
Invito a todos mis hermanos a vivir a nivel personal y comunitario la vocación misionera propia de nuestra identidad salesiana y, al mismo tiempo, ayudar para que en nuestras casas y obras el entusiasmo y compromiso misionero sea fuente de numerosas vocaciones.
Quiero concluir esta carta expresando nuestra solidaridad a los hermanos:
P. Miguelito Ulloa por la pérdida de su hermana salesiana Sor María Victoria Ulloa y a Manuel Ríos, salesiano estudiante de teología que acaba de perder a su mamacita la Sra. Orfelina Carrión. Nuestra oración por ellos y sus familias.
Finalmente, hago una cordial invitación a todos los salesianos para participar en la
Asamblea de Hermanos a celebrarse durante los días 12 y 13 de noviembre en la casa de retiros de Cumbayá. En ella trataremos el Proyecto Orgánico Inspectorial que regirá el caminar de esta Inspectoría durante el sexenio 2008-2014.
Don Bosco misionero aliente el anuncio del evangelio a los jóvenes.
P. Marcelo Farfán, sdb.
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