En el año de 1944, el Vicariato celebraba el Cincuentenario de su fundación. El P. Luis Casiraghi, Director de la Misión de Gualaquiza, viendo la necesidad que tenía la misión de un espacio más amplio para su crecimiento, sobre todo, para el internado shuar, pensó abrir una nueva misión para atender, de manera especial, a la población shuar. El lugar escogido fue una hermosa planicie situada junto al río Bomboiza.
Tras largos años de sacrificado trabajo, en 1951 estaba terminada la iglesia y dos edificios laterales para los internados de las chicas y chicos shuar. El 5 de octubre de ese año, se inauguraba la escuela «Jacinto Pancheri». Pronto la Misión tomó un acelerado rumbo de progreso. El P. Antonio Guerriero, nuevo Director de la Misión, propició la formación de un pequeño pueblo shuar en torno a la misión y el P. Ángel Andreetta organizó el jardín botánico de orquídeas, de gran valor científico, y el museo arqueológico preincaico «P. Carlos Crespi». La agricultura y la ganadería cobraron auge con las ferias ganaderas de la región. Con la cooperación de las autoridades, civiles y militares, pronto se logró contar con los servicios de energía eléctrica y de telefonía, inaugurados el 21 de abril de 1959.
Con el fin de promover la educación de la niñez y juventud shuar se fundaron escuelas en las pequeñas poblaciones de Pints y Tiink. El 14 de octubre se fundó la «Escuela de Prácticas Agrícolas» que luego su transformó en el Colegio ETSA, que unificó la Escuela de Líderes Shuar de Paute y la Escuela Práctica de Agricultura de Sucúa.
El 4 de octubre de 1982 se creó el Instituto Superior Pedagógico Intercultural Bilingüe Shuar y Achuar (IPIBSHA), con la finalidad de formar a los docentes del Sistema de Educación Radiofónica Bicultural de la provincia de Morona Santiago y para ayudar a los alumnos de lugares lejanos se abrió la Residencia Juvenil. La parroquia étnica atiende pastoralmente al pueblo shuar de la región. Muchos beneméritos salesianos trabajaron en esta Misión. No podemos dejar de recordar con cariño y gratitud al inolvidable P. Silvio Broseghini. Su nombre, más que en un monumento, ha quedado perennizado en el corazón del pueblo Shuar y Achuar, por quienes entregó toda su vida. |