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BUZÓN - Saludo para el Boletín Salesiano

El pasado martes 10 de junio (2008) el P. Pascual Chávez, Rector Mayor, me comunicó su decisión de que asumiera el gobierno de la Inspectoría “Sagrado Corazón de Jesús” del Ecuador.

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EDUCAR ES COSA DE CORAZÓN

La pedagogía de Don Bosco
Síntesis del Aguinaldo 2008

Educar: he aquí la tarea clave y fundamental para forjar la grandeza de un pueblo. Así lo entendieron los educadores de todos los tiempos y por ello, su tarea fue descubrir y forjar la pedagogía adecuada para formar al ciudadano ideal.

En el siglo XX surgió un educador extraordinario. Sus geniales intuiciones educativas tenían las raíces en el corazón de Dios, manifestado en Jesús. «El que ama conoce a Dios, porque Dios es amor». Don Bosco, optó por el amor como el elemento clave para su pedagogía. La educación es obra del corazón, solía decir. «Obtendréis más con una mirada de cariño, con una palabra de aliento, que con muchos reproches». A esta forma de amar a sus muchachos del Oratorio, la llamó «cariño», y la puso dentro de su lema: «razón, religión, cariño»; poniendo al cariño como punta de lanza.

Educar con el corazón significa una renovada presencia en medio de los jóvenes, hecha de cercanía afectiva y efectiva, de participación, de acompañamiento y animación, de testimonio y propuesta vocacional. El cariño de Don Bosco hacia sus jóvenes tenía gestos concretos y oportunos: se interesaba por su vida, conocía sus necesidades más urgentes, intuyendo aun las más secretas, se acercaba con confianza, daba el primer paso, decía la primera palabra, les manifestaba estima.

El mensaje de Jesús: «nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos», lo cumplió Don Bosco durante toda su vida, consagrándola por entero a sus amigos, los jóvenes. A ellos les entregó todas sus energías, ¡hasta el último respiro!

Una feliz combinación de sus dotes personales y las circunstancias llevaron a Don Bosco a ser «Padre, Maestro y Amigo de la juventud». Así lo proclamó Juan Pablo II.

Su talento innato para atraer a los jóvenes y ganarse la confianza de ellos, su genio práctico capaz de realizar las intuiciones en formas sencillas, su experiencia sacerdotal  le llevaron a conocer lo profundo del corazón humano. En la raíz de todo estuvo su vocación de maestro de la juventud.

De este conjunto de intuiciones pedagógicas llevadas a la práctica nació el Sistema Preventivo. Se trata de una aventura educativa que ha implicado apasionadamente a sus colaboradores y ha hecho soñar a los jóvenes. La prevención se convirtió para Don Bosco en calidad intrínseca y fundamental de la educación. Prevenir significa anticiparse a situaciones y costumbres negativas y estimular las iniciativas sanas. Don Bosco estaba íntimamente convencido que todo joven es bueno. Aun en los muchachos más desgraciados hay semillas de bien. Es deber de un sabio educador descubrirlas y desarrollarlas. Recordemos el hermoso ejemplo de aquel joven llamado Miguel Magone, jefe de pandilla del barrio, a quien Don Bosco conquistó con el cariño: «Querido Miguel, quisiera que me hicieras un favor: déjame por un momento ser dueño de tu corazón». Miguel accedió y Don Bosco lo convirtió en un Santo («¡Oh, qué feliz soy!», solía decir).

Esta relación marcada por la amistad crece y se trasforma en paternidad; paternidad educativa que es más que amistad. Es una responsabilidad afectuosa y autorizada que ofrece guía y enseñanza vital y exige disciplina y compromiso. La paternidad educativa es amor y autoridad. Se manifiesta sobre todo en  ”saber hablar al corazón”, de modo personal, tocando la profundidad de la conciencia. Es la “palabrita al oído”, palabra mágica que transmite la sabiduría cotidiana; palabra que ayuda a vivir y enseña el arte de vivir. El adulto debe asumir esta “fisonomía paternal”. Paternidad que significa dar la vida, hacerse responsable de su desarrollo, amar de corazón, hablar oportunamente, esperar la maduración, consentir la autonomía y acoger con alegría el retorno.

El cariño y la paternidad crean el clima de familia, donde los valores se hacen comprensibles y las exigencias aceptables. Así se traza el límite entre el autoritarismo y la ausencia de propuestas; entre la injerencia y la inhibición educativa; entre la camaradería y la responsabilidad del adulto. El grupo educativo y la familia se transforma, de este modo, en “el patio”, del que habla Don Bosco. Lugar de encuentro educativo, no principalmente el formal, sino el espontáneo. Lugar donde los educadores tienen la función nada fácil de motivar, impulsar y animar, abrir espacios, favorecer la creatividad. Hoy se siente la urgencia de “espacios” para los jóvenes: pequeños, medianos o grandes. Valga el ejemplo de las discotecas y grupos juveniles. Está al acecho el mal de la soledad, que es el origen de muchas desviaciones.

Termino con las palabras del P. Duvallet, colaborador del Abbé Pierre: “Vosotros salesianos no tenéis más que un tesoro: la pedagogía de Don Bosco. Conservad este tesoro, construyendo en millares de corazones la manera de amar y de salvar a los jóvenes, que es la herencia de Don Bosco”.

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